
Se han publicado recientemente algunos artículos sustantivos sobre la esencia y la naturaleza del partido político Vox. No pretendo entrar en este debate. Vox tiene diversas instancias o fuentes ideológicas y es evidente que, a lo largo de su trayectoria, en cada momento alguna de ellas gana más o menos protagonismo en función del contexto y de la correlación de fuerzas internas dentro de la formación.
Lo que sí querría señalar es una contradicción que hace tiempo que aprecio y que, en algún momento, deberá clarificar el partido. Vox se presenta, en cualquiera de sus almas, como expresión de la Tradición española. Y ahí es donde surge el equívoco sorprendente. La tradición española ha tenido siempre más resonancias austríacas que francesas. Esa mentalidad austríaca ha cristalizado históricamente en una clara sensibilidad por las expresiones plurales de la identidad española, por los fueros, las costumbres, las lenguas y hasta a las constituciones de cada territorio que constituía la Monarquía Católica.
Sin embargo, desde sus inicios, Vox ha mostrado en materia territorial una nítida adherencia jacobina y una oposición férrea a las singularidades históricas, lo que le vincula más, en este punto, con la ideología de la Revolución Francesa que con la tradición española. Se trata de un aspecto interesante que algún día deberán abordar los ideólogos de Vox.




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