Fiódor Dostoyevski: Los hermanos Karamázov. Alianza Editorial, Madrid, 2024.

Comparto algunas notas de una de las mejores novelas que he leído a lo largo de mi vida, llena de reflexiones y diálogos que conducen al corazón de la existencia humana.
No nos corresponde juzgar ni condenar: Sin embargo amaba al prójimo: diríase que vivía toda su vida creyendo por completo a los hombres, sin que nadie le tuviera nunca ni por un bendito ni por un ingenuo. Algo había en Aliosha que decía y hacía sentir (y así fue durante toda su vida) que él no quería ser juez de los demás, que no quería encargarse de condenar a nadie y no lo haría por nada del mundo. Parecía incluso que lo admitía todo sin reprobar nada, si bien a menudo se entristecía muy amargamente. (33)
La digna humildad de Aliosha: Nunca quiso destacarse entre los chicos de su edad. Quizá por esto mismo nunca temió a nadie; por otra parte, los muchachos en seguida comprendían que él no se enorgullecía en absoluto de su intrepidez; al contrario, hacía como si no comprendiese que era valiente e intrépido. Nunca recordaba las ofensas. A veces, una hora después de que le hubieran ofendido, ya respondía al ofensor o él mismo le dirigía una palabra con un aire tan confiado y diáfano como si entre ellos no hubiera habido nada. (34)
“El único que no me ha vituperado”
El padre de los hermanos Karamázov a Aliosha: “Me doy cuenta de que tú eres el único hombre de la tierra que no me ha vituperado”. (40)
Ser feliz es cumplir la voluntad de Dios: Pues los hombres son creados para la felicidad, y quien es plenamente feliz tiene en verdad el derecho a decirse: “He cumplido la voluntad de Dios en esta tierra”. Todos los justos, todos los santos, todos los santos mártires, todos, han sido felices. (77)
Amar al prójimo es abrir el camino a la gracia de Dios: Stárets: “Esfuércese por amar al prójimo de manera activa y sin cesar. A medida que avance en el amor, se irá convenciendo de la existencia de Dios y de la inmortalidad del alma. Si, además, llega a la abnegación completa en el amor al prójimo, entonces ya creerá usted sin dispusta alguna y no habrá duda que pueda siquiera deslizarse en el alma. Esto está probado, esto es exacto”. (79)
Estamos dispuestos al martirio por la humanidad pero no podemos convivir con el vecino: “Cuanto más quiero a la humanidad en general, tanto menos quiero a los hombres en particular, es decir, por separado, como simples personas. En sueños, decía, he llegado con frecuencia hasta apasionados propósitos sobre el servicio a la humanidad y, quizá, habría caminado hacia la cruz por la gente, sin embargo soy incapaz de vivir con otra persona dos días seguidos en la misma habitación”. (80)
Sin confianza en la inmortalidad no hay fraternidad humana que se imponga. Todo está permitido: «No hace más de cinco días que en una tertulia local Iván Fiódorovich declaró de modo solmene, durante una discusión, que en toda la tierra no existe absolutamente nada que obligue a amar a sus semejantes, que no existe ninguna ley natural que lleve al hombre a amar a la humanidad, y que si hasta ahora ha habido amor en la tierra ello se debe a ninguna ley natural, sino tan solo a que la gente creía en la inmortalidad. (…) Si se extirpa en el hombre la fe en su inmortalidad, se secará en él en seguida no solo el amor, sino, además, toda fuerza viva para continuar la existencia terrena. Más aún: entonces ya nada será inmortal, todo estará permitido, hasta la antropofagia». (95)
La ciencia moderna describe perfectamente el árbol, pero no ve el bosque: «Recuerda, joven, sin cesar –dijo que el padre Paísi- que la ciencia profana, convertida en una gran fuerza, se ha aplicado a examinar, especialmente durante este siglo, todo lo celestial que se nos ha legado en los libros sagrados, y después de un cruel análisis, a los sabios de este mundo no les ha quedado nada de lo que antes era sagrado, absolutamente nada. Pero han hecho el análisis por partes y han perdido de vista el conjunto, de modo que llega a sorprender hasta qué punto han sido ciegos. El conjunto se alza ante sus propios ojos inmutables, tal como era antes, y las puertas del infierno nada pueden contra él. ¿Acaso no ha vivido ese conjunto diecinueve siglos, acaso no vive también ahora en los movimientos de las almas individuales y en los movimientos de las masas del pueblo? ¡Vive, como antes, inmutable, hasta en las almas de esos mismos ateos que todo lo destruyen! Pues incluso quienes abjuran del cristianismo y se rebelan contra él son, en el fondo, imagen del propio Cristo, lo siguen siendo, pues hasta hoy ni la sabiduría suya ni el calor de sus corazones han sido capaces de crear una imagen del hombre más elevada y digna que la imagen mostrada por Cristo Las tentativas que en este sentido se han realizado sólo han dado origen a monstruosidades». (223)
Decisión consciente de vivir en los vicios y rechazar a Dios: Padre de los hermanos Karamázov [Fiódor Karamázov]: “Ahora voy acumulando todo cuanto puedo, todo cuanto puedo, para mí solo; se lo digo para que lo sepa, mi querido hijo Alexéi Fiódorovich, porque quiero vivir hasta el fin hundido en mis vicios, para que lo sepa. En medio del vicio la vida es más dulce: todo el mundo lo condena, pero todos viven en él, aunque en secreto, mientras que yo lo hago a la luz del día. Es por esta franqueza mía por lo que se me han lanzado encima. En cuanto a tu paraíso, Alexéi Fiódorovich, has de saber que allí no quiero ir; además, un hombre decente ni siquiera le estaría bien encontrase en tu paraíso, aun suponiendo que existiera. A mi modo de ver, te duermes, no te despiertas, y sanseacabó”. (227)
No eres malo, sino estropeado: Padre de los hermanos Karamázov [Fiódor Karamázov] a Alexei: “Sólo contigo en algunos momentos me he sentido bueno, porque ya sabes, soy un hombre malo”. | “No es usted un hombre malo, sino estropeado, se sonrió Aliosha. (227)
No eres malo, sino estropeado: Padre de los hermanos Karamázov [Fiódor Karamázov] a Alexei: “Sólo contigo en algunos momentos me he sentido bueno, porque ya sabes, soy un hombre malo”. | “No es usted un hombre malo, sino estropeado, se sonrió Aliosha. (227)
La falta de fe aboca a la creencia en la revolución social: Iván Karamázov: “Quienes no crean en Dios, éstos, se pondrán a hablar del socialismo y del anarquismo, de la reorganización de la humanidad entera según unos nuevos fundamentos, lo que lleva al mismo diablo, a los mismos problemas, aunque desde otros extremos”. (301)
Rusia consagrada a la discusión de los problemas eternos: La joven Rusia, toda ella, sólo se ocupa de los problemas eternos, no discute de otra cosa. (301)
Es fácil amar al conjunto de la humanidad, pero mucho más difícil al prójimo: “He de hacerte una confesión -comenzó Iván: nunca he podido comprender cómo es posible amar al prójimo. Es precisamente a nuestro prójimo a quien es imposible amar; quizá podamos amar solo a quienes están distantes. (…) Es necesario que un hombre se esconda para que podamos amarle, pero no bien nos muestra su faz, se acabó el amor”. (305)
Ningún animal es tan cruel como el hombre: Iván: “Se habla a veces de la fiera crueldad del hombre, pero esto es terriblemente injusto y ofensivo para las fieras: una fiera no puede ser nunca tan cruel como el hombre, tan artística y refinadamente cruel. El tigre despedaza y devora, otra cosa no sabe hacer. A él ni se le ocurriría clavar a los hombres por las orejas con clavos y dejarlos así toda la noche, no se le ocurriría aunque fuera capaz de hacerlo”. (307)
El diablo, imagen y semejanza del hombre: Iván: “Pienso que si el diablo no existe y, por tanto, ha sido creado por el hombre, ha sido creado a su imagen y semejanza”. (308)
Cristo rechazó el único método que garantizaba el éxito indiscutible de su misión: El Gran Inquisidor: “Tú conocías, tú debías conocer, forzosamente, este secreto fundamental de la naturaleza humana, pero rechazaste la única bandera, absolutamente la única, que se te ofreció para obligar a todo el mundo a que se inclinara ante ti sin discusión: la bandera del pan terrenal, que rechazaste en nombre de la libertad y del pan del cielo. (…) Sin una firme idea del para qué de su vida, el hombre no querrá vivir y preferirá matarse a permanecer en la tierra, aunque en torno a él todo fueran panes”. (327)
Sin un para qué se produce la muerte de la vida humana: El Gran Inquisidor: Sin una firme idea del para qué de su vida, el hombre no querrá vivir y preferirá matarse a permanecer en la tierra, aunque en torno a él todo fueran panes” (328)
Cristo corrió el riesgo de nuestra libertad: En vez de dominar la libertad de las gentes, ¡tu se la hiciste aún mayor! En vez de apoderarte de la libertad humana, la multiplicaste y la hiciste caer con todo el peso de los tormentos que provoca, sobre el alma de los hombres por los siglos de los siglos. Quisiste que el amor del hombres fuera libre para que él te siguiera por sí mismo, encantado y cautivado por ti. En lugar de la firme y antigua ley, el hombre, de corazón libre, tenía que decidir en adelante dónde estaba y el bien y dónde estaba el mal, sin tener otra cosa, para guiarse, que tu imagen ante los ojos. (…) No bajaste de la cruz, porque no quisiste tampoco esclavizar al hombre con un milagro, anhelabas una fe libre, no milagrosa. Anhelabas un amor libre, no el servil entusiasmo del esclavo ante un poderío que les aterroriza de una vez para siempre. (329)
El valor de la vida está en su intensidad, no es su duración
“¡Para qué años y para qué meses! -exclamaba a veces el hermano del Stárets Zosima: No es cuestión de contar los días, al hombre le basta un solo día para llegar a conocer toda la felicidad. Queridos míos, para qué reñir, para qué vanagloriarnos, para qué recordar las ofensas: vamos al jardín, vamos a pasear y a juguetear, vamos a amarnos y a alabarnos unos a otros, y a besarnos,, y a bendecir nuestra vida”. (370)
No hay recuerdos más luminosos para el hombre que los de su infancia: Stárets Zosima: “De mi casa paterna no me llevé más que recuerdos luminosos, pues no hay recuerdos más preciosos para e hombre que los de su primera infancia en casa de sus padres, y ello siempre es así, por pizca de unión que en la familia haya” (371)
El tiempo y la visión de eternidad va serenando el juicio y cubriendo todo de misericordia: Stárets Zosima: “El gran misterio de la vida humana hace que el dolor pasado se vaya trocando poco a poco en una dulce y conmovedora alegría; en vez de la bullente sangre juvenil, llega la modesta y serena vejez: yo bendigo todos los días la salida del sol y mi corazón le eleva como siempre un canto, pero ya me es más querido su ocaso, ya prefiero sus largos rayos oblicuos y, con ellos, los recuerdos tranquilos, modestos, enternecedores, las entrañables imágenes de toda la larga y bendita vida, ¡y por encima de todo, la verdad divina que apacigua, que reconcilia, que lo perdona todo!” (373)
Explicar la Palabra de Dios con sencillez: Stárets Zosima: “Que abra ese Libro y que empiece a leer sin comentarios rebuscados ni presunción, sin ponerse por encima de ellos, con fervor y modestia, alegrándose él mismo de leer y ser escuchado y comprendido, sintiendo él mismo amor por las palabras que lee, deteniéndose sólo de vez en cuando para aclarar alguna palabra incomprensible para la gente sencilla; que lo haga así y que no se preocupe, ¡comprenderán!, ¡el corazón ortodoxo lo comprende todo!” (374)
Sembrar la semilla de la buena doctrina: Stárets Zosima: “Sólo se necesita una semilla pequeña, minúscula: que la arroje al alma de la gente sencilla y la simiente no morirá, vivirá en el alma de esta gente toda la vida, escondida allí en medio de las tinieblas, entre la hediondez de sus pecados, como un punto luminoso, como un recuerdo sublime. No es necesario, no es necesario hacer largos comentarios ni perderse en sabias enseñanzas, la gente sencilla lo comprende todo simplemente”. (375)
Creer y confiar en el pueblo de Dios: Stárets Zosima: “Quien no cree en Dios tampoco cree en el pueblo de Dios. En cambio, quien no dude del pueblo de Dios verá también la santidad del alma del pueblo, aún cuando hasta ese momento no hubiera creído en ella. Sólo el pueblo y su fuerza espiritual convertirá a nuestros ateos, desligados de su propia tierra”. (376)
Toda la creación canta la gloria de Dios: Toda criatura, todo cuanto respira, cada hojita tiende hacia el Verbo, canta la gloria de Dios, llora a Cristo sin tener conciencia de ello, y lo hace con el misterio de su vida sin pecado. (377)
La clave es que los hombres se sientan de verdad mutuamente hermanos: Esta es una cuestión del alma, psicológica. Para hacer del mundo de otro modo, es necesario que los hombres mismos pasen psicológicamente a un nuevo camino. Mientras los hombres no se sientan en verdad hermanos, no habrá fraternidad. Ninguna ciencia ni ventaja alguna enseñerá a los hombres a repartirse en paz sus bienes y derechos. Todo será poco para cada uno, siempre se quejarán, se envidiarán y se aniquilarán unos a otros. (387)
Crítica profunda de la idea de libertad moderna entendida como satisfacción de necesidades crecientes: Stárets Zosima: “ Tienes necesidades; dales, pues, satisfacción, tienes los mismos derechos que las personas más nobles y ricas. No temas darles satisfacción, al contrario, hazlas aún mayores”. Tal es la doctrina en el mundo actual. En eso ven la libertad. ¿Y qué resultad de este derecho a aumentar las necesidades? Por parte de los ricos, la soledad y el suicidio espiritual; por parte de los pobres, la envidia y el asesinato, pues el derecho de satisfacer las necesidades se lo han dado, mas sin indicarle todavía con qué medios. Afirman que el mundo, cuanto más avanza, tanto más se une, que va constituyendo una comunidad fraterna a medida que se van acortando las distancias y se van transmitiendo los pensamientos por el aire. ¡Ay! No creáis en semejante unión de los hombres. Entendiendo la libertad como un aumento y una pronta satisfacción de las necesidades, deforman su propia naturaleza, pues engendran en sí mismos muchos deseos carentes de sentido y estúpidos, costumbres y quimeras insensatas. Viven sólo para envidiarse unos a otros, para la satisfacción carnal y la presunción. Dar banquetes, viajar, tener coches, dignidades y servidores esclavos se considera ya tal necesidad a la que se sacrifica hasta la vida, el honor y el amor al prójimo, y hasta se matan si no pueden satisfacerla. En aquellos que son menos ricos, observamos lo mismo, mientras que entre los pobres por ahora la insatisfacción de las necesidades y la envidia se ahogan con la borrachera. Pronto, sin embargo, se emborracharán con sangre y no con vino”. (400)
El camino de la humildad religiosa es el camino de la verdadera libertad: Stárets Zosima: “El camino del monje es otra cosa. De la obediencia, del ayuno y del rezo la gente hasta se burla, pero el hecho es que únicamente en ellos se encuentra el camino hacia la libertad auténtica, verdadera: cerceno de mí las necesidades superfluas e innecesarias, dominio y fustigo con la obediencia mi orgullosa voluntad, henchida de amor propio y así alcanzo, con la ayuda de Dios, la libertad de espíritu y con ello la alegría interior”. (401)
El pueblo fiel salvará a Rusia: Stárets Zosima: “Será el pueblo el que salvará a Rusia. En cuanto al monasterio ruso, siempre ha estado con el pueblo. Recordadlo. El pueblo se enfrentará con el ateo y le vencerá, entonces existirá una Rusia unificada en la ortodoxia. Velad, pues, por el pueblo, y protegedle con el corazón. Buscadle en silencio. Esta es vuestra gran misión como monjes, pues este pueblo lleva a Dios en el alma”. (401)
Si hay fraternidad, el mundo se salvará: Stárets Zosima: “Si hay hermanos, habrá fraternidad, y antes de que haya fraternidad no existirá el compartir. Guardemos la imagen de Dios y resplandecerá un día cual valioso diamante para el mundo”. (403)
Todo intento de hacer triunfar la justicia en el mundo, pero sin Cristo, acabará en tragedia: Piensan establecer la justicia en este mundo, pero, habiendo rechazado a Cristo, acabarán hundiendo el mundo en sangre, pues la sangre llama a la sangre y a quien a hierro mata a hierro muere. Sin la promesa de Cristo, los hombres se exterminarán entre sí hasta que no quedarán más que los últimos dos sobre la tierra. (405)
Orar por los difuntos: Stárets Zosima: “Joven, no te olvides de rezar. En tu plegaria, si es sincera, fulgurará un nuevo sentimiento, y en él se dará una nueva idea que tú antes desconocías y que te reanimará; y comprenderás que la plegaria es educación. Recuerda aún: cada día y siempre que puedas, repite en tu fuero interno: “Señor, perdona a todos los que ante ti comparezcan en este momento”. Pues a cada hora y a cada instante miles de personas dejan su vida en la tierra y sus almas se presentan ante el Señor. Y cuántas, entre ellas, se han separado de la tierra en plena soledad, sin un amigo al lado, tristes y angustiadas de que nadie las compadezca y de que nadie sepa de ellas, ni siquiera si han vivido o no. Y es posible que, desde el otro extremo de la tierra, tu plegaria se eleve a Dios por el alma de un ser humano aunque tú no le hayas conocido nunca ni te haya conocido él a ti. Cuán conmovedor ha de ser para esa alma desconocida, llegada presa de miedo ante el Señor, sentir en ese instante que también hay quien reza por ella, y ha quedado en la tierra un ser humana que también a ella la quiere. Dios os mirará con más misericordia al uno y al otro, pues si tú has sentido por ese hombre tanta compasión, tanto más le compadecerá Él, que es infinitamente más misericordioso y capaz de amar que tú. Y le perdonarás por ti”. (406)
Amor universal: Stárets Zosima: “Hermanos, no temáis el pecado de los hombres, amad al hombre incluso en su pecado, pues semejante amor, imagen del amor divino, es el amor supremo de la tierra. Amad a toda la creación tanto en su conjunto como en cada granito de arena. Amad cada hojita, cada rayo de luz. Amad a los animales, amad a las plantas, amad cada una de las cosas existentes. Ama a cada una de las cosas, en las cosas encontrarás el secreto divino”. (406)
Siempre al amor por encima de la fuerza: Stárets Zosima: “¿Hay que recurrir a la fuerza o al amor humilde? Decide siempre: Recurriré al amor humilde. Decidídelo así de una vez para siempre y podrás conquistar el mundo entero. (407)
Siempre alegres: Amigos míos, pedid a Dios que os conceda la alegría. Sed alegres como los niños, como los pájaros del cielo. (407)
Segundo Volumen
Ser único: Aliosha: “No sea como todos; aunque no quede nadie más distinta de los otros, aunque sea solo, no sea como los otros”. (II, 293)
Expresión del nihilismo y del mal consciente: Lise a Aliosha: “Yo, sencillamente, no quiero hacer el bien, y no es cuestión de enfermedad alguna. Para que no quede nada en ninguna parte. ¡Ah, qué bien si no quedara nada! Sepa, Aliosha, que a veces pienso en hacer mucho mal, muchísimo, de lo peor, hacerlo a escondidas durante largo tiempo, hasta que un día todo se descubra.” (II, 324)
Si Dios no existe, todo está permitido: Mitia Karamázov: “¿Qué será del hombre después, sin Dios y sin vida futura? ¿Así, ahora todo está permitido, es posible hacer lo que uno quiera?” (…) A mí, Dios me atormenta. Esto es lo único que me atormenta. ¿Y si resulta que no existe? ¿Y si Rakitin tiene razón al afirmar que se trata de una idea artificial de la humanidad? En este caso, si Dios no existe, el hombre es señor de la tierra, del universo. ¡Magnífico! Pero, ¿cómo será virtuoso sin Dios? ¡Esta es la cuestión! Siempre vuelvo a lo mismo. Pues, ¿a quién amará, en este caso, el hombre? ¿A quién manifestará su agradecimiento, a quién elevará un himno?” (II, 333)





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