Empiezo en este blog un proyecto que llevo gestando con ilusión desde hace mucho tiempo: dar a conocer los consejos y planteamientos de liderazgo de algunos de nuestros autores más sobresalientes del siglo de oro. Siguiendo la tradición clásica –y recogiendo también su experiencia vital y política– algunos grandes hombres de letras y de Estado del siglo XVII español escribieron tratados de educación de príncipes, en los que procuraron ofrecer orientaciones prácticas a aquellos -reyes y nobles- que estaban llamados a regir los destinos sociales.

Estos consejos de gobierno intentan conjugar habitualmente dos perspectivas no siempre fáciles de articular, en un momento en el que se iba imponiendo una teoría de gobierno inspirada en Maquiavelo donde la razón de Estado triunfaba sobre cualquier otra consideración. Así, nuestros autores se propusieron presentar con realismo la lógica del tablero del poder y del juego social, a la vez que intentaban encuadrar los movimientos de este juego y de este liderazgo en el marco ético de la tradición greco-romana (sobre todo aristotélica y estoica) y de los principios de una sólida teoría política cristiana.

Cabe decir que llevaron a cabo su empeño de forma magistral, con ese tono propio del barroco que, sorprendentemente, conecta bien con la sensibilidad posmoderna. Los consejos de liderazgo de Saavedra Fajardo, de Gracián o de Setantí que iremos desgranando son brillantes, acerados, profundos, cultísimos, existenciales, visuales, entretenidos, socarrones y algo escépticos. Eso sí, siempre y en cualquier caso empapados de sentido y abiertos a un valor superior al propio éxito.

Como es lógico, los frutos de este esfuerzo intelectual están impregnados de los valores y perspectivas de su tiempo y son discutibles. En cualquier caso, siguen siendo una extraordinaria fuente de orientación práctica y de reflexión intelectual para todos aquellos que tengan talento de liderazgo y de gobierno, ya sea en el mundo empresarial o en el ámbito político. Son, también, principios para el desarrollo personal y profesional, pero tienen mucha más profundidad y enjundia, y son bastante más prodigiosos, que los actuales manuales de autoayuda.

Empezaré este ciclo repasando los principales emblemas del libro Empresas políticas de Diego Saavedra Fajardo (1584-1648), quien fue un notable jurista, eclesiástico y diplomático español murciano del siglo XVII, que participó en algunas de las misiones diplomáticas más relevantes de la Monarquía en ese siglo (fue el delegado español en las complejas negociaciones que llevaron a la Paz de Westfalia).

En su principal obra, cuyo título original es Idea de un príncipe político cristiano representada en cien empresas, el autor dibuja 100 alegorías (emblemas o empresas) del buen gobierno, que luego comenta con un imponente despliegue de cultura, interpretando esos principios prácticos de gobierno de la mano de los mejores pensadores y en relación a la experiencia histórica griega, romana, medieval y moderna. El libro tiene algo de arte total barroco, en cuanto que es un diálogo entre 100 imágenes simbólicas y sus correspondientes textos. Como es lógico, elegiré los emblemas y fragmentos que me parezcan más iluminadores para la actualidad. El resto de la obra, muy extensa, puede leerse en la magnífica edición de Cátedra (2005).

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